
Cierta amiga mía, una vez estando en casa, no paraba de mandar y recibir mensajes de texto en su celular. Estaba tan abstraída en el asunto que me llamó la atención y pregunté.
Me mensajéo con varios del laburo, me dijo. A un compañero lo rajó la mujer de la casa.
No le di demasiada importancia. Otra pareja que se rompe, pensé. Pero mi amiga comenzó a reírse y contar.
Parece ser que el muchacho, al igual que muchos otros, no todos, pero sí muchos; tenía por costumbre frecuentar otras mujeres.
Como es usual, todo el mundo en el trabajo estaba enterado de la situación. Compañeros y compañeras. Porque el hombre infiel tiene por principio alardear.
Su mujer, desconfiaba de los partidos de fútbol de los jueves a la noche a los que el fulano decía asistir. Pero cada jueves, ella volvía a prepararle el bolso en donde guardaba el short, la camiseta y los elementos de aseo.
Su vida podría haber transcurrido así indefinidamente. Si total, él siempre volvía pasada la medianoche, conversaba un rato con su esposa, veía que los nenes duerman bien y se entregaba (extenuado) a la cama.
Pero la Fulana de Tal, dueña de esta historia, no quiso conformarse, no quiso acostumbrarse, no quiso dudar. La Fulana de Tal, quería la verdad. Necesitaba saber.
No tenía dinero suficiente para poner un detective y tampoco era su estilo. Seguirlo ella misma implicaba depender del auto de un tercero, ubicar a los chicos y exponerse demasiado.
Día a día pensaba la forma... Hasta que un día no pensó más, tomó aguja e hilo y coció con esmero y dedicación los dos extremos del short por donde se pasan las piernas, dejándolo así inutilizable.
Esperó, hasta que escuchó la llave en la puerta.
Ella sabía que en ese mismo momento la relación estaba terminada.
O bien, él realmente había ido a jugar y al encontrarse con los pantalones cocidos había sido el centro de las burlas de todos (a lo que habría que sumarle la desconfianza).
O bien, jamás se había puesto el short y no estaba enterado de nada.
Cuando entró, ella, con voz temblorosa, le dijo: Que tal el partido?
Y él respondió: Ganamos negra.
A partir de ese momento los celulares de todos los empleados de una oficina comenzaron a sonar.
Entre los hombres ella pasó a ser "la loca de la aguja".
Entre las mujeres: una heroína sin igual.